domingo, 13 de noviembre de 2016

Mi experiencia en teatro (I)

Después de dos años retomo este rincón para continuar escribiendo todo aquello que se me pasa por la cabeza, que me pasa en mi vida y que puedo contar. En esta ocasión, me gustaría compartir mi experiencia con el teatro pues me he visto envuelto en una actividad de la cual nunca pensaba ser partícipe debido a mi timidez y problemas con el habla. Pero sí, ahora estoy empezando a formar parte de ese mundo actoral que cada viernes me gusta más.

Para todos aquellos que no me conocéis voy a confesaros uno de mis principales problemas en mi vida: tengo disfemia, lo que viene a ser tartamudez en determinadas situaciones. En mi caso, hablar en público es una de esas situaciones en las que la disfemia hace aparición, aunque también surge cuando estoy nervioso con alguien o la situación me hace estarlo. De modo que este año, para avanzar en mi vida social y personal, decidí apuntarme al teatro de la universidad y superar esta traba que no permite socializar y actuar tal y como me gustaría.

Comenzamos los ensayos en octubre y en las primeras ocasiones (lectura de guión y ensayo de mi primera escena) las palabras no salieron del todo fluidas. A pesar de eso, fui conociendo a mis compañeros de obra y a mi directora y puedo afirmaros que son personas con las que da gusto estar, son gente extrovertida, interesante y buenas personas que les gusta divertirse y actuar, una compañía que agradezco tener al verme obligado a enfrentarme a mi yo más tímido.

Esta semana pasada recibí una noticia de parte de nuestra directora que hizo ponerme nervioso pero feliz a la vez: me había escogido para participar en un curso de formación actoral, al cual sólo podían asistir una pequeña parte de todos los que formamos el Aula de Teatro. Vi una grandísima oportunidad para superarme y vencer mis miedos y vergüenzas y desde entonces he decidido volver a este blog para escribir sobre esta nueva etapa de mi vida, de la cual voy a aprovechar todo lo que pueda.

Este viernes pasado comenzamos el curso y, como viene siendo habitual en mi, no podía contenerme los nervios pues la situaciones en las que debo dejar mi lado introvertido me resultan incómodas y algo insoportables. Sin embargo, empezamos haciendo un calentamiento para desinhibirnos que parece que surtió efecto. Nos movimos por el espacio del aula, gritamos adjetivos positivos a otras personas, imitamos a uno de nuestros compañeros delante de todos y terminé con una autoestima reforzada y con ganas de ensayo, el cual estaba establecido para una hora después del curso.

El ensayo salió mucho mejor de lo previsto, una mayor fluidez en el habla y un apoyo grupal que me arropó como nunca. Ese viernes, después de cuatro horas entre curso y ensayo, salí siendo un Ilde feliz por ver como todo parecía evolucionar de la mejor manera posible. Confío en que voy a superarlo y en que disfrutaré hablando en público, porque de verdad me encantaría hacerlo y no me atrevo únicamente por ese impedimento. Ese impedimento que pienso destruir cuanto antes.

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